“Aguirre, la Cólera de Dios”. El ego y el río

Publicado el 27 May 2010
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De un director como Wener Herzog, cuyo talento sólo está por debajo de su ego, se  pueden esperar dos cosas: obras de arte (muy a menudo) y comentarios desafortunados sobre el resto de mortales (sólo a veces). De un actor como Klaus Kinski, cuyo talento sólo está por debajo de su ego, se pueden esperar dos cosas: interpretaciones soberbias (casi siempre) y personajes monstruosos, aplastados por el peso de ese ego histrión, caníbal e iracundo (como aquí).

Juntaremos a Herzog con Klaus Kinski, dijo simpático el Destino, que hagan arte y que de paso, se destruyan. Y nosotros a mirar.

Y Lope de Aguirre desciende por el Río Amazonas tras su sueño de grandeza, dejando desoladas las orillas, perdiendo a su expedición y lo que le queda de alma, mientras el ojo de Herzog narra la hazaña del río: vencer al diablo que vino a conquistarlo.

No es el primer río que pone a los hombres en su sitio. No será el último que lo haga, pero sí el único sobre el que Kinski, desaforado y subido en una balsa que hace agua, suelta su discurso incestuoso y eugenésico mientras la selva vive y la Ira de Dios se ceba sobre él. Sobre él, que era esa cólera.

Una auténtica joya.

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