El artificio de las apariencias

Publicado el 12 January 2011
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Por Jesús Villaverde Sánchez.

– Todo empezó cuando conocí a una mujer –dice Frank Tupelo.

– Mm, esto empieza a sonar interesante –contesta el policía veneciano.

Y así es. La historia comienza cuando ella, Elise, recibe una carta del misterioso Alexander Pearce. “Sube al tren de las 8.22 en la Gare de Lyon y cuando estés allí, busca alguien de mi apariencia y hazles creer que soy yo”. El encuentro tendrá lugar en ese tren y el elegido será un matemático que lee una novela de misterio, The Berlin Vendetta, y que responde al nombre de Frank Tupelo.

Pongámonos en un contexto más cerrado. Alexander Pearce y Elise Clifton Ward son antiguos amantes, él está buscado por Scotland Yard y ella está intervenida en todos sus movimientos. El motivo: delitos financieros. Elise desconoce la apariencia actual de su amante, que sólo contacta con ella mediante correo, siempre sellado con las iniciales AP, y que le llega cuando menos lo espera.

El tren de las 8.22 viaja desde París, donde había comenzado la acción –con una Jolie paseándose por las calles de un lado a otro con la policía detrás- hasta Venecia, y en el viaje Frank y Elise entablan cierta amistad. Cuando al llegar parece que cada uno tirará por su lado, ella le ofrece acompañarla, algo imposible de declinar por Frank Tupelo, desbordado por la situación.

Entonces empezará a desarrollarse una trama de enredos policíacos, en los que intervendrá un Paul Bettany, que nada recuerda ya al Silas de El código Da Vinci, y algunos secundarios de lujo, como Rufus Sewell o Steven Berkoff.

Será en Venecia cuando entre en acción un misterioso personaje, Reginald Shaw, que por problemas del pasado cambiará por completo el rumbo del viaje hasta el final. A partir de entonces, Venecia se convertirá en una carrera de ratas, una persecución constante y sonante que dejará continuas escenas de acción en las que poco se innova.

Pero no sólo acción contiene este film, también se deja un hueco para el humor (sobre todo con algunos secundarios o con Johnny Depp, que se lleva algunos gestos, tal vez excesivos e innecesarios, del capitán de los piratas del Caribe, Jack Sparrow) o el amor. The tourist supone un juego de personajes en los que, al final, cuesta saber qué papel puede desarrollar cada uno en el juego.

El marco en el que se desarrolla la película es bellísimo. La ciudad se deja querer desde un estudiado segundo plano, aunque adorna a la perfección lo que podemos llamar algo así como cine de catálogo. El director ha sabido aprovechar al máximo lo que ofrecía la canalizada metrópoli.

Por otra parte, la fotografía es exquisita –yo diría que lo más destacable de la película-, y el juego de planos cortos y largos que se realiza durante toda la cinta es perfecto. Sin duda un tratamiento fotográfico bastante mejor de lo que cabía esperar, y que supera con creces un argumento no demasiado potente, aunque aceptablemente tratado y que entretiene bastante.

La historia se romperá con un último giro que sorprenderá al resto. Y con una especie de moralina de uno de los policías, demasiado forzada desde mi parecer, pero muy ilustradora de lo que cuenta la película en todo su metraje. Por supuesto que no es la mejor película de la pareja de Hollywood, ni será la mejor del director –La vida de los otros tiene difícil superación. Sin embargo, está muy bien para pasar un buen rato y para disfrutar con una fotografía sublime y un guión que mantiene la atención del espectador de principio a fin.

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