El monolito, los bichos, Deckard y Franz Kafka

Publicado el 27 June 2010
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Ya pasó el tiempo de encontrar un monolito, a finales de los años sesenta, la suma de dos talentos muy distintos nos dejó treinta años de margen. No hemos alcanzado el monolito, pero la voz suplicante de HAL-9000 insiste “todos podemos rebelarnos”.

Ya en los setenta, tras el mal rato de Wildfire (en plena Guerra Fría), la Teniente Ripley tuvo que acabar con el bicho que se había metido en el Nostromo, durante esta década, en la ciencia ficción, si tú te metías donde nadie te llamaba, Nadie (una bacteria, un bicho, una idea…) trataba de venir contigo hasta La Tierra.

Y precisamente, en los ochenta, los que no eran humanos (pero lo parecían por completo) comenzaron a llegar en masa: que se lo digan a Rick Deckard o a la dulce Sarah Connor.

En la mayoría de los films de ciencia ficción que nos han cautivado, el humano es el que enreda y es también quien tiene que salvar (a tiempo) al resto de los hombres.

En los noventa se produjo alguna novedad: ya no era necesario salir al espacio a buscar monstruos, el monstruo estaba aquí, y para esquivarlo y tratar de ser felices, nos pusimos a jugar. Así Ralph Fiennes trafica con pequeños discos llenos de ilusiones  y Jude Law se enchufa a un cordón umbilical que le transporta a la experiencia virtual orgánica; mientras, Armin Mueller-Stahl busca sexo en la Alemania Nazi y los hermanos Wachowski insisten, desde nuevos planteamientos, en que nada es lo que parece.

Una gran parte de las preocupaciones humanas, de nuestros miedos y de nuestras ilusiones sólo han encontrado una vía de escape, la fantasía. Y creo que a Kafka le habría encantado ver alguno de estos films.

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