“La Semilla del Diablo”. Polanski y la claustrofobia.

Publicado el 16 July 2010
Archivado en ljluisja | Salir del comentario

Ira Levin escribió una magnífica novela sobre la que Roman Polanski trabajó del único modo en que sabía trabajar, a partir de la obsesión. Así fue posible el escalofriante y claustrofóbico drama La Semilla del Diablo (Rosmary’s Baby es su título original).

La película está llena de pequeños detalles siniestros, pero en general, su eficacia reside en que durante gran parte del metraje siempre son posibles, al menos, dos maneras de entender los hechos, dos lecturas, dos posibilidades, y ambas muy desagradables. A partir de ahí, una Mia Farrow frágil y perdida que hace de Rosmary el personaje de su vida, un John Casavettes inquietante, unos vecinos demasiado amables, un médico muy serio… Y el Edificio Dakota. Para los amantes de las leyendas negras no puede empezar mejor la cosa.

Pero independientemente de leyendas (negras o no), de habitantes ilustres o perversos y del asesinato de John Lennon, lo cierto es que el film de Polanski no tiene desperdicio. Muy dotado para generar ambientes claustrofóbicos (ya había encerrado a la Deneuve en un apartamento en Repulsión, había reunido en un pequeño yate a tres seres en El Cuchillo en el agua y posteriormente lo seguiría haciendo sin descanso: otro edificio en la magnífica Cul-de-Sac, un crucero en la calurosa Lunas de Hiel, una casa en los acantilados de la Costa da Morte en La Muerte y la Doncella… así hasta su última obra, El Escritor, donde encierra a Ewan McGregor en una casita de lujo, dentro de una islita de lujo), el genial director aprovechó otra de sus cualidades, navegar entre dos aguas. A un lado la paranoia, al otro la psicosis.

¿Qué aspecto creen que tiene el bebé de Rosmary?

Comentarios

No hay mas respuestas