“Las Mejores Intenciones”. Ingmar Bergman al guión

Publicado el 28 May 2010
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Ingmar Bergman escribió la historia de sus padres. En ese guión aparece Henrik Bergman, un joven de estrictos ideales y pocos recursos económicos que, tras estudiar teología, decide no renunciar a la austeridad como forma de vida. Se convertirá en pastor y jamás negociará con su elección. Aparece Anna, una joven de buena familia que se enamorará de él, de su honestidad, de su inteligencia, ella es Pernilla August (menuda actriz).

El contraste entre la abundancia y alegría familiar de su casa paterna, y la sombría entrega a la vida de privaciones con su esposo Henrik, será una dura prueba para ella. Para él, por otro lado, todo son duras pruebas. Siempre.

Las Mejores Intenciones nos narra la epopeya de estos amantes asimétricos, el paso de los años a través de una vida que pudo ser más fácil… y hasta aquí lo que Bergman escribió.

Porque luego no quiso dirigirla. Se trataba de sus padres.

A Bille August, un director que había rodado sin temblores Pelle el Conquistador, el guión de Bergman le cayó sobre el regazo. Y rodó respetando a su maestro, hizo el trabajo de su vida. Dirigió, de hecho, la película de su vida.

Escenas sobrias y emocionantes, partitura gélida y conmovedora, silencios largos, frases concluyentes, planos delicados, interpretaciones fabulosas… todo un homenaje a Ingmar con el que August consiguió lo que parecía imposible: que el film estuviese a la altura del guión.

P.D. Para una tarde de ésas (que las hay a veces) en que no apetece sonreír. Si están risueños se les cambiará el humor. Eso sí, con las mejores intenciones.

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