Tres excepciones para Sherlock Holmes

Publicado el 21 July 2010
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Reconozco que mi debilidad por el personaje de Sir Arthur Conan Doyle es directamente proporcional a las decepciones que me he llevado con lo que el cine ha hecho de él. ¡Ah, pero hay excepciones! Tres excepciones, para ser exactos, forman parte de mi videoteca: La Vida Privada de Sherlock Holmes, Asesinato por  Decreto y El Secreto de la Pirámide.

En La Vida Privada Billy Wilder se divirtió de lo lindo, hizo innumerables guiños a las leyendas que corrían bajo la capa del detective y nos regaló un film extraordinario que respetó, a mi juicio, el espíritu del personaje.

Asesinato por Decreto es otro ejemplo (muy diferente) de cómo acertar en una adaptación; en un tono mucho más sombrío, Bob Clark (que parece sufrir doble personalidad a juzgar por su filmografía) introdujo a mi querido Sherlock en la investigación de unos crímenes que todo el mundo, al menos una vez en la vida, ha deseado resolver. Nada menos que los de Jack El Destripador.

¿Y El Secreto de la Pirámide? Barry Levinson trasladó a Sherlock Holmes a una edad de la que sir Arthur no había soltado prenda, lo metió en un internado y le puso a resolver enigmas cuando Watson aún no tenía ni bigote ni carrera. Por no tener, ni siquiera pelusilla. Una aproximación juvenil al personaje, que también hacía falta.

Así que tenemos tres películas muy diferentes, rodadas en un periodo de tiempo de quince años, y por tres cineastas completamente distintos, uno de ellos un genio. Claro, Billy ¿cómo no iba recordar decirlo? Así pese a todas las decepciones anteriores y posteriores a las excepciones, incluido el aburrido atrevimiento de  Guy Ritchie, acabo de pensar que otros personajes ni siquiera han tenido la suerte de tres excepciones, dos o una.

Me doy con un canto en los dientes.

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