Pequeñas Mentiras sin Importancia, de Guillaume Canet

Publicado el 3 January 2013
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Guillaume Canet se pone a la dirección de Pequeñas Mentiras Sin Importancia para narrar una de esas historias que dejan huella. Les petits mouchoirs (mentiras piadosas, traducido literalmente) o Little White Lies, como lo tradujeron en la versión anglosajona es una historia sobre la amistad y sobre cómo entre amigos a veces escondemos algunas verdades para no herirnos los unos a los otros, y al final esconderlas es lo que nos duele más.

En las sinopsis que nos ofrece la página oficial de la película, podemos ver que la película trata de un grupo de amigos que tiene la costumbre de reunirse en sus vacaciones de verano. Justo antes de salir de vacaciones por enésimo año, uno de los miembros del grupo sufre un accidente en París, pero, a pesar de ello deciden mantener la tradición y viajar hasta la casa de la playa, una pareja del grupo, como habitualmente.

Una vez allí, y a medida que pasan los días de convivencia, sus contradicciones afloran y su amistad se pone a prueba. El hecho de compartir tantos días juntos y la tensión de que uno de ellos esté inconsciente en el hospital, les obligan a convivir con esas pequeñas mentiras sin importancia que se dicen cada día y que ahora tanto les cuesta esconder.

Con más de 5 millones de espectadores en los cines en 2010 en Francia, la película de Guillaume Canet está protagonizada por un selecto casting, con la crème de la crème del panorama cinematográfico francés y europeo: François Cluzet (protagonista de la gran exitosa Intouchables), Marion Cotillard (a la que también podemos ver en De óxido y hueso), Benoît Magimel, Gilles Lellouche, Jean Dujardin (protagonista de The Artist), Pascale Arbillot, Edouard Montoute, Valérie Bonneton, Laurent Lafitte, Anne Marivin, Louise Monot, Joel Dupuch, Hocine Merabet y Maxim Nucci, entre otros.

Esta película coral, que nos muestra las vivencias de un grupo cualquiera de amigos, nos toca a todos de cerca, ya que con uno o con otro de los personajes, cualquiera puede sentirse identificado. Sin ser un film de grandes efectos especiales, ni grandes pretensiones por contar una gran historia, las pequeñas mentiras sin importancia, cobran en este film el protagonismo, para darnos una película divertida a ratos, pero siempre emotiva y enternecedora. Una muestra del buen cine francés. El decir mucho sin contar exactamente nada.

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